Bienvenido/as a este espacio. A mi casa.
Un lugar de escritura, de encuentros que sostienen, de vínculos, que se ordenan conversando; y de sentido.
Hace unos años, en un encuentro de mujeres amantes de los jardines, la anfitriona y quien nos acompañaba eligieron con mucha delicadeza un ave para cada una. A mí me tocó el hornero. Y cuando empecé a conocerlo un poco más, entendí por qué: cómo construye, cómo vuelve, cómo cuida, cómo hace hogar.
Ahí algo resonó en mí. Y lo abracé como símbolo: constancia, presencia, y esa forma simple de ir haciendo lugar.
Hoy me abro. Te dejo pasar. Me animo a expandirme.
Quiero que esta casa también pueda llegar a vos: a quien quiera acercarse, leer, acompañar o simplemente asomarse a lo que voy observando.
Ojalá este espacio te inspire a hacer tu propia casa de barro: con calma, con vínculos sanos, y con sentido.
Pilar.
El árbol de ciruela remolacha este año dió un sólo fruto. Por qué será? Me puse a pensar que quizás el invierno pasado no le dedique tiempo, cariño, amor, presencia. Puede ser que no lo alimente, nutrí, regué o fertilicé. Pero para ver si realmente fue eso, este invierno me voy a ocupar. Esto me trajo a mis pensamientos la similitud casi exacta que tiene la naturaleza con los vínculos. Cómo nos relacionamos con un otro, qué espacio le damos para que crezca eso que nos vincula. Pareja, amistad, padre e hijo, familia. Porque para que haya un vínculo sano, hay que dedicar tiempo, presencia, atención, escucha, conversación, perdón, empatía, alimento constante de ambos lados, búsqueda del bien del otro, de querer que sea su mejor versión, y viverversa. Hacerlo con el corazón, desde lo mas profundo de nuestro ser. Siempre estamos a tiempo de frenar, mirar a nuestro alrededor, observar, como yo, el fruto, y ver que tipos de vínculos tenemos. Cómo somos nosotros con ellos, qué recibimos de los mismos. Si son sanos, si provocan paz, si dan alegría, confianza y verdadero amor. Yo estoy en eso. Y te invito a que vos también lo hagas. A veces se trata de poner voluntad, otras veces de poner límites. Pero mayormente se trata de escuchar nuestros latidos, porque es el corazón el que nos va a mostrar si ese vínculo que hoy tenemos da un sólo fruto, o un árbol lleno de los mismos.